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Tradición y sabor en la mesa

La gastronomía de Beas está influenciada tanto por las culturas que se establecieron en estas tierras como por el propio medio natural, condicionado por la situación geográfica del municipio, a medio camino entre la Campiña y el Andévalo. Las dehesas tradicionales han propiciado excelentes pastos para el desarrollo de una variada ganadería de vacuno, ovino, caprino y cerdos, cuyos productos han entrado a formar parte de nuestra dieta. Famosas son las calderetas de borrego, así como los productos obtenidos en las tradicionales matanzas: morcillas, chorizos, jamones... Otro importante recurso gastronómico es la caza, con carne de especies como el ciervo, jabalí, perdiz o el conejo. Como platos muy valorados de caza destacan el salmorejo de conejo, la liebre en salsa, el potaje con carne de perdiz o la sopa montera, a partir de ajo, pan y un sofrito. La huerta también goza de una gran importancia, con legumbres y hortalizas. Platos típicos son el gazpacho, la sopaca, el salmorejo de culantro, las habas enzapatás, el puchero apotajado... También están los revueltos de espárragos y tagarninas, aromatizados con gurumelos, las ensaladas de berros y el gazpacho templado. Se utilizan mucho el culantro, el poleo, la yerbabuena y la menta, pero son las setas, como la tana, el tontullo y el gurumelo, elementos que siguen siendo muy valorados, dando especiales resultados en asados, revueltos y potajes.

El producto estrella es el aceite de oliva virgen, en cuya producción Beas cuenta con una larga e histórica tradición. Hay unos platos típicos muy asociados al aceite de oliva: la tostá con sardinas o bacalao, las migas o los picadillos. Beas forma parte de los 17 municipios de la denominación de origen Condado de Huelva desde 1963, produciendo casi en su totalidad vinos procedentes de la especie Zalema, un vino seco, fresco y afrutado. En la repostería beasina destaca el pan, los picos o roscos; dulces que emplean la miel como ingrediente, como los pestiños, orejones, rosas, piñonates, torrijas o abuelas; los de masa frita, tales como las empanadillas, calentitos o buñuelos, y los elaborados a partir de horneados: hornazos, magdalenas, bizcochos, perrunillas, roscos de horno... Y, finalmente, estarían otros postres tradicionales, como la poleá o los huevos nevados, realizados a partir de harina, azúcar y huevos, con plantas aromáticas.